Guía · 3 min de lectura · Actualizada el 24 de octubre de 2026
✓ Revisada por la Dra. Jennifer Duarte el 3 de noviembre de 2026
Los cánceres de la sangre empiezan, en su mayoría, en la médula ósea o en el sistema linfático. Cada uno afecta células distintas, se comporta de forma diferente y se trata de manera distinta. Un diagnóstico oportuno permite empezar el tratamiento adecuado a tiempo.
Importante: estos síntomas también son muy frecuentes en enfermedades benignas, como infecciones. Tenerlos no significa que haya un cáncer, pero sí justifica una valoración médica. No esperes a que los síntomas se prolonguen si hay sangrado importante, dificultad para respirar, deterioro rápido o fiebre durante la quimioterapia, y recuerda que un hemograma sin cifras extremas tampoco descarta estas enfermedades.
Leucemia
Es un cáncer de las células de la sangre que comienza en la médula ósea: se producen demasiadas células anormales, sobre todo glóbulos blancos, que desplazan a las células sanas.
- Aguda: avanza rápido y requiere atención sin demora.
- Crónica: avanza lentamente y puede no dar síntomas al principio.
- Según el tipo de célula, puede ser linfocítica o mieloide.
Señales: cansancio, fiebre o sudores nocturnos, moretones o sangrado fácil, infecciones frecuentes, pérdida de peso o apetito, puntos rojos en la piel (petequias).
Linfoma
Es un cáncer del sistema linfático, parte de las defensas del cuerpo. Hay dos grandes grupos: linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodgkin.
Señales: ganglios inflamados, a menudo sin dolor, en el cuello, las axilas o la ingle; fiebre sin causa aparente; sudoración nocturna abundante; pérdida de peso sin explicación; cansancio persistente. Muchos ganglios inflamados se deben a infecciones, pero si persisten por semanas o crecen, conviene estudiarlos.
Mieloma múltiple
Es un cáncer de las células plasmáticas, un tipo de glóbulo blanco que produce anticuerpos. Se acumulan en la médula ósea y debilitan el hueso y las defensas.
Señales: dolor de huesos (sobre todo espalda y costillas), fracturas, anemia y cansancio, infecciones frecuentes, sed y orinar mucho, daño en los riñones. El diagnóstico temprano facilita el manejo y el seguimiento.
Urgencias en el mieloma: dolor de espalda con debilidad en las piernas, pérdida de sensibilidad o pérdida del control de la orina o las heces, confusión nueva, o una disminución marcada de la orina requieren atención inmediata.
Cómo se diagnostican
- Examen físico e historia clínica.
- Hemograma y otros análisis de sangre, incluidos estudios de proteínas en el mieloma.
- Frotis de sangre periférica.
- Aspirado y biopsia de médula ósea.
- Biopsia de un ganglio en el linfoma, y estudios por imagen.
- Pruebas genéticas y de otro tipo para definir el subtipo.
Tratamiento: depende de cada caso
Puede incluir quimioterapia, inmunoterapia y terapias dirigidas, radioterapia o trasplante de células madre; en algunas enfermedades bien definidas se opta por una vigilancia cuidadosa en lugar de tratar de inmediato. Esa decisión depende del subtipo, de los análisis y de las imágenes: sentirse bien, por sí solo, no significa que sea seguro esperar. La elección depende del tipo de enfermedad, de su extensión, de la edad y del estado general. Si estás embarazada o deseas tener hijos, dilo antes de empezar y pregunta por preservar la fertilidad; en personas mayores, las opciones se valoran según su función física, otras enfermedades y sus preferencias, no solo por la edad. Es una decisión que tomamos juntos, con calma y explicando cada paso.
Cuándo consultar
Ganglios que no ceden, fiebre prolongada, sudores nocturnos o pérdida de peso sin explicación, moretones o sangrados sin causa, dolor óseo persistente, o un hemograma con cifras muy alteradas.
Este contenido es educativo y no sustituye la consulta médica. Cada caso es distinto: el diagnóstico y el tratamiento se definen en consulta.